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Ombligos

 

Todo el mundo quiere ser alguien. Cada persona mira su ombligo. Todos esconden algo. En la mayoría de las ocasiones el motivo es tan obvio que ese juego de mentiras y ocultaciones tiene sentido. En otros, se guardan cosas para demostrar algo. Y es curioso. Ocultar por apariencia. Aunque también triste. Esconder algo o simular que lo escondes es una rara y penosa forma de parecer interesante. Esto le pasa a mucha gente. Sobre todo a los que no admiten ser egocéntricos y buscan explicaciones para todo, aquellos que se excusan ante los demás porque creen que es el único modo de engañarse a sí mismos. Rara vez comprenden que hay observadores que captan los detalles,porque jamás admitirán que están siendo observados a conciencia. Estas personitas no sólo desean ser contempladas por una superficie que fingen mostrar – porque recordemos que piensan que siempre existe algo profundo en ellos que no revelan a cualquiera –, sino también adoran ser adoradas. Ser un foco de atención no les preocupa tanto como aparentar querer no serlo. Sí. La apariencia es su principal aliada. Sin embargo, aun reprochando a una máscara su carácter superficial,  les encanta llevarla porque salvaguardan estados de ánimo y formas de ser. Son quienes quieren ser para el mundo. Y esto les hace tener la sensación de mirarse a espejos en los que no se reconocen. 

 

 

Admin · 66 vistas · 0 comentarios
25 En 2011

Cassandra - Parte II

Tras mi primer encuentro con aquel extraño muchacho, no he dejado de deambular a altas horas de la madrugada por estas calles. En ocasiones, me quedo sentada en un banco esperando a que alguno de los paseantes se detenga y pronuncié mi nombre del mismo modo que lo hizo él. Permanezco siempre con los ojos cerrados, imaginando situaciones imposibles y escuchando en mi mente palabras que jamás existieron ni existirán.

Y espero a que ocurra algo que haga peligrar mi situación.

Estoy despierta, perceptiva, muy lejos de la ciudad, de su humo, de sus autobuses abarrotados de publicidad, de sus turistas sonrientes, de sus ejecutivos con traje, de su desesperación por continuar subsistiendo, sin que nada se detenga. Pues yo dejo todo a un lado. No me importa que la ciudad respire.   

El viento estremecía unas sábanas tendidas en el patio de luces. Simulaba el sonido de un mar enfurecido. Oí de pronto el tintineo de unas llaves y el sonido de la puerta al cerrarse. Era yo cinco minutos más tarde, cuando decidí largarme de la oscuridad de aquel habitáculo. Meditaba, entonces. Hace tiempo que no me arrepiento y la soledad no me asusta. Disfruto pensando en que existen personas que viven en una serie de televisión. Desconocen que en la realidad no hay guión que determine sus pasos, que aquí el maquillaje se lo pone cada uno con aquello que desee aparentar, que cada persona crea el papel que le toca representar en diferentes situaciones, que el escenario es tan inmenso que los proyectores de luz sólo enfocan lo exteriormente bello, que los espectadores son también actores y que es imposible detener una escena para volverla a repetir.

Toda acción tendrá sus consecuencias, sin posibilidad de regresar a aquel instante en el que un error fue cometido. Una palabra morfológicamente simple, un gesto fortuito, una mirada fugaz, un paso inesperado, un retroceso por temor. Todo influye. Todo construye un presente que, a menos que sea destruido u olvidado, formará parte de un futuro inevitable y del que se creará consciencia.

No estaba ni dentro ni fuera de un sueño. Imágenes difusas aparecían si cerraba los ojos. Los abrí y le vi correr a lo lejos, dirigiéndose hacia el banco donde me encontraba. Gritó “¡Cassandra, corre!”. Eran aproximadamente las tres de la mañana y el rumor de las ramas de los árboles era lo único que perturbaba hasta entonces la quietud de la calle. “¡No hay tiempo, ven conmigo!”. Cuando llego a mí, cogió nerviosamente mi mano y me estiró hacia él. Mis piernas comenzaron a avanzar con rapidez. El muchacho del otro día no me soltó mientras corríamos.

El helor de la noche me abofeteaba el rostro. Apenas era capaz de seguir su ritmo, pero una extraña sensación me hacía estar segura de cada paso que daba junto a él. El peligro que me acechaba me hacía sentir más viva que nunca. Lo necesitaba. Antes de torcer por la esquina de un callejón, conseguí girarme para averiguar de qué o quién huíamos. Un hombre robusto con gabardina verde se abalanzaba sobre nosotros exasperadamente. “¡Hija, detente!” oí que voceaba nuestro perseguidor. Sentí la voz de mi padre más débil que nunca. Me detuve y ellos también. Un viejo con rostro familiar y gabardina verde me suplicó a través de sus ojos que no huyera más. Quedé paralizada.
Admin · 337 vistas · 3 comentarios
28 En 2010

Cassandra - Parte I

     Me sentía enclaustrada aquella tarde. Un pequeño cuarto sin apenas ventilación me sumergía en un tedio inaguantable. Aunque odiaba hacer planes, tendía a acogerme a ellos por mera necesidad de control. Hojeaba con desgana unos apuntes mientras un pedazo de papel con trazos de tinta azul me recordaba que el número de tareas pendientes ganaba al de las ya realizadas. Nunca he logrado tachar todas las actividades que me he propuesto hacer en un día y, aunque solía partir de esa premisa, la frustración siempre me atormentaba llegada la noche. Cuando, bajo el edredón, miraba al techo sin verlo, pensaba en el tiempo ya malgastado y en lo bien que lo aprovecharía cuando me levantara a la mañana siguiente. Luego ocurría lo mismo y volvía a recurrir a un empeño con un resultado predecible, puesto que sólo en contadas ocasiones rompía con lo esperado. Aquella tarde fue una de ellas. Necesitaba salir. Pensaba en cómo se me enrojecerían las mejillas con ese frío de inusual otoño y en cómo adoraba esa sensación. Cogí el abrigo de un armario limpio y desordenado y fulminé a mis obligaciones sin darme opción a dudar. Guardé la maldita lista en un cajón y extraje de él una cajetilla de tabaco.
 
     Aire helado. Atardecer replegado. Regalé al viento uno de mis suspiros y comencé a caminar, con la mirada abandonada en las baldosas del suelo, sin la necesidad de dirigirme a alguna parte. Mis pies se movían sin dirección, pero sabía lo que buscaba. Un rincón donde callar y dejar de pensar. O pensar demasiado. Evitaba las miradas de los pocos transeúntes que pisaban el asfalto con ojos entornados por el viento.

    
Arribé a un lugar tranquilo y poderoso. Subí unos peldaños que parecían infinitos y me senté en una balaustrada de piedra, junto a una fuente apagada. Encendí un cigarrillo e inspiré paz. Era el silencio de mi mente. Hacía tiempo que no me murmuraba. Cerré los ojos mientras mis labios besaban el filtro y escuché. Me estremecí al rozar las más pura calma. Entreabría los párpados con la cabeza inclinada mientras expiraba el humo. La nube que se formó en el cielo negro pronto desapareció, pero me hipnotizó de tal modo que me pregunté con un rictus invisible si alguien llegaría a comprender lo que en esos momentos sentía. No podía compartir aquello con nadie. Di al momento con una respuesta, convencida o no de mi sinceridad.

   
Me encontraba perdida, valga la paradoja, en mi mundo cuando se acercó. Noté una presencia cálida muy cerca de mí, pero no desperté. “¿Cassandra?”, una voz dulce y masculina pronunció mi nombre. Me sobresalté y miré atentamente a aquel muchacho que escondía media sonrisa con timidez. “Te he encontrado”, oí que decía en un susurro. La sensualidad de sus ojos me paralizó las piernas, pero logré enderezarme y me apoyé en la barandilla. “No”, fue lo único que salió de mi boca. Era un extraño. Por eso se me hacía más difícil entender por qué no podíamos dejar de mirarnos, sin nada que decir. “Te he encontrado”, repitió. Atisbé un brillo enigmático en sus pupilas. “No te conozco”, articulé por fin algo con sentido.  Con una resbaladiza gota en su mejilla, dejó asomar sus dientes cuando sonrió, casi susurrándome “tienes razón, todavía no”.
Admin · 164 vistas · 1 comentario
10 Nov 2009

Y los sueños, sueños son...

Querida compañera, no me dejes saber qué podrá pasar mañana. Sólo conozco el tiempo presente en el que vivo. No me inspires lo que no merezco: compasión, porque hoy deseo acurrucarme en tu regazo. Sólo importa hoy.

Hoy me salvo. Hoy me rindo. Quiero aventuras, quiero gritar bajo la lluvia. Experimentar lo nuevo y olvidar un sueño. Despiértame, amiga. Sólo tú puedes hacerlo. Esta máscara se cansa, pero guarda silencio. El escenario me espera y yo he olvidado mi guión. Sólo soy un soplo de aire, con un dulce aroma a madrugada y a otoño, que un día creyó que podía cambiar el mundo. Mi callado corazón invoca al raciocinio. Hoy estoy abajo. Las tablas de madera del suelo crujen y todo el mundo se gira a mirar. Pero no ven ni, quizá, siquiera sienten. Por eso, abrázame, que te necesito.

Dime que retroceda, porque me he quedado inmóvil. Un espejo me grita realidad. Hoy no pienso caer, pienso saltar. Cúrame las heridas si me hago daño. Tiritas de ausencia, porque hoy voy a dejar de sentir vértigo. Hoy sólo estamos tú y yo, y nadie más. Siempre, en realidad. Pero sólo importa hoy.

Vacíame por dentro y déjame sólo el vestido desteñido que tanto detesto. A fin de cuentas, todos aplauden por él.  Y es que hoy los escaparates sólo muestran el reflejo de un espectro. Quiero desvanecerme como lo hace mi suspiro. Búscame los zapatitos de tacón, esos que, con su ruido, apagaron mi sed de soñar. Aunque puedes llevarme a un desván, con tu presencia y un libro. Qué tiernas las palabras, guardadas en el baúl del pensar, entre polvo y recuerdos. Fíjate. Me aplauden cuando salgo a escena, pero no saben que al usar guantes, las caricias no son las mismas.

Cuánto sentido se escapa si ves las cosas de pie.  Una vez quise melodías y evasión. Hoy vuelven a mí como si nunca se hubieran marchado. Hoy dejo de atreverme a descubrir el infinito. Compañera, susúrrame que te guarde bajo mis sábanas, porque eres la única que puede comprender mi nudo sin reproches. Siente en la almohada mi esencia que se derrama y no me preguntes nada. Ayúdame a crear un nuevo universo, en el que no hayan destellos cegadores, pero sí libertad. Lucha por hacerme disfrutar tu estancia junto a mí. Llévame contigo cuando no te lo pida y déjame ir cuando menos te necesite.

Hoy me salvo. Quién sabe si lo haré mañana. Hoy me rindo. Nadie sabe.

Admin · 351 vistas · 4 comentarios
12 Mar 2009

¿Qué sueñas?

En el césped, por la noche, mirando al cielo, dos personas conversan:


 
-          ¿Has soñado alguna vez con volar lejos de aquí? ¿O con desaparecer?

-
         
Sí, claro. Suelo soñar que huyo, pero no sé si es un anhelo o una pesadilla.

-
         
¿Crees que huir es tan fácil como parece?

-
         
No lo sé. Nada es fácil y, en parte, prefiero que sea así.

-
         
¿Qué perdemos? ¿Qué ganamos? Aquí nada nos compensa.  A veces siento que unas cadenas me alejan de lo que más anhelo. Y cuanto más lo anhelo, más intensa es la rabia que siento; ver mis sueños pasar como el paisaje que discurre y no se detiene tras la ventana del autobús…

-
         
¿Crees que si lo que más anhelas estuviera a tu alcance seguiría siendo tu sueño? Los sueños no lo son porque sean simples anhelos, lo son porque están lejos, porque se disfrazan de imposibles… y lo que no solemos pensar es que nos necesitan. Sí, necesitan nuestro empeño para florecer, necesitan ser perseguidos.

-
         
Entonces, ¿crees que si huimos de aquí, alcanzaremos nuestros sueños?, ¿o crees en esperar?

-
         
Nunca esperes a tus sueños, ellos no te esperarán a ti.  


En el césped, por la noche, mirando al cielo, dos personas, en silencio.
Admin · 345 vistas · 2 comentarios
24 Feb. 2009

Entiendo todo y no entiendo nada...

Porque lo entiendo todo y no entiendo nada…porque sueño con no soñar y mientras no sueño, pienso…y pienso en no pensar…y, mientras agacho la cabeza, mi máscara sonríe…pero mi interior grita tu nombre…y yo callo, porque mis palabras no se atreven… Y mi timón comienza a resbalar y temo hundirme…porque mi navío es lo único que me queda… Porque la tormenta empaña mis ojos, que no pueden verte… y el sol me quema y, entonces, te inquieta rozarme… Mis sensaciones me pierden y el sentido se esfuma… ¿necesito el sentido? No lo sé… porque soy una antítesis… porque sé dónde estoy, pero no sé dónde no estoy… porque no tengo miedo y estoy aterrada… porque cuanto más aspiro tocar el cielo con mis dedos, más fuerte es la caída contra el suelo… porque cuanto más lucho por salir de las arenas movedizas, más me hundo en ellas… porque es demasiado tarde para escapar… porque no sé en qué piensas ni conozco tu camino…  y entiendo todo y no entiendo nada…

Háblame, pero no digas nada… mírame, pero no dejes de buscar mis ojos… sonríe y vamos a dónde tú me digas… a ninguna parte, si tú decides que sea así… porque hay mucho más allá de lo aparente, incluso para ti… porque mis esquemas se vienen abajo y no sé si podrán enderezarse… porque temo interponerme… y quiero y no quiero… y entonces, sueño con no soñar y mientras no sueño, pienso… Porque mis pensamientos nublan mis ambiciones y mis ambiciones nublan el sentido… pero divago bajo la lluvia y no me encuentro entre la niebla de tus sensaciones… porque me siento minúscula y siento sentirme así… porque no sé si de verdad no sabes o no sabes si quieres saber… y no quiero convertirme en una equivocación… no quiero ser nada y quiero serlo todo… y me descubres por tu sinceridad y te descubro con mis tímidas palabras escondidas en  tu boca… porque me he acostumbrado a no esperar nada… y, aún así, espero todo… y, entonces, vuelvo a entender todo y a no entender nada…
Porque no has sacado en claro nada… y no sé si yo puedo aclararte… porque avanzo mientras me retraigo y me retraigo mientras avanzo… y cuando pienso en dejar de pensar, te pienso… y, aunque sí lo entienda, no lo entiendo…

Acostumbrada a no esperar nada, lo espero todo… porque encontrar la salida del laberinto no es tan difícil…lo complicado es decidir si lo mejor es salir de él… y si el cielo, el sol y las estrellas pueden ayudarme… si yo puedo al deseo o el deseo me puede a mí…

Porque aunque entienda todo y no entienda nada, me quedan los amaneceres… y confío en ese vuelo a cualquier otra parte…
Admin · 107 vistas · 0 comentarios
03 Feb. 2009

Mini relato

   Aquella mañana de lluvia y derrota me desperté exaltado, tratando de recuperar el oxígeno que una pesadilla me había arrebatado minutos atrás. Un temblor inevitable se hizo con mis extremidades, que yacían extendidas sobre el jergón. 

   Cuando por fin mi mente alcanzó tierra firme, pude percatarme de que el sol no había bañado todavía aquel cielo de madrugada. Alcé mi cuerpo flácido y me enderecé cuanto pude sentado sobre el borde de la cama. Posé mis pies desnudos sobre el suelo helado y un escalofrío barrió mis entrañas.

   Angustiosa prisión aquella que no te deja actuar por miedo al fracaso. Sus barrotes, las cuatro paredes que me rodeaban. Entre tinieblas alcancé el interruptor de la luz del baño a tientas. Me introduje lentamente en él. Apestaba a orín y vómito, estragos de una noche trágica. 

   Unos ojos negros y decaídos me observaban desde un rostro apagado. Un muchacho delgado y de escaso atractivo físico permanecía hierático frente a mí. “Eres un imbécil”, le dije a mi reflejo. 

   Sin pensarlo dos veces, huí de aquel antro que me recordaba lo fracasada y penosa que era mi existencia. Ni siquiera me atreví a coger la llave. Dejé sobre la mesa el llavero malgastado que indicaba el número de habitación de aquel motel de carretera. Pegué un portazo y me aventuré escaleras abajo con un único pensamiento: olvidar todo lo que no había podido olvidar tras ingerir el último trago de whisky la noche anterior. 

   Fuera los relámpagos refulgían en el manto oscuro que cubría la noche. Ningún sitio adonde ir, ningún amigo al que recurrir. La soledad me susurraba desde su más sensata aparición y yo fingía no escucharla. 

   En medio de la carretera comarcal parecía un espectro. Quizá lo fuera. El resplandor de unos faros me despertó del coma. 

   Una vida sin mis ganas de vivir no era una vida. Desperté en una sala muy iluminada con mis allegados velando por mí. ¿Un hospital? Aprendí entonces la necesidad de saber quién soy, cuál es mi destino y por quién merece la pena continuar luchando. 

   Un cristal me separaba de ellos. Debería haber aprendido antes a valorar sus palabras, a pensar antes de joderlo todo. Sus pañuelos mojados y mi traje negro me hicieron despertar de nuevo. Esta vez del mortal sueño de mis días.
Admin · 123 vistas · 1 comentario
14 Nov 2008

Porque toda tu vida es un cuento...

La belleza de los cuentos, a diferencia de relatos, reside en su estructura: todos deben contener un principio y un final. Metaforizando la propia vida con un cuento aboco a un sinfín de meditaciones contradictorias acerca del mejor modo de escribir cada segundo de existencia.

Un cuento debe ser escrito sabiendo cuál será el final; de otro modo, hablaríamos de relato. Una vida debe contener, a mi manera, la estructura de un cuento, pero la esencia de un relato.

Escribir no es lo mismo que leer, así como pintar una obra renacentista no es lo mismo que observar su esplendor. La lectura implica una participación receptiva, una exclusión del lector en la elaboración de la gran obra. La escritura implica creación, reflexión, inspiración, esto es, una evocación de los ingredientes esenciales que deben converger en una receta única, fruto de uno mismo.

Como todo ser humano, afortunada o desafortunadamente sabe, la vida, tan efímera y eterna, tiene principio y fin. Como un cuento. El buen escritor de cuentos debe conocer, antes de coger su pluma, cómo concluirá su cuento. Si desconoce su final e improvisa quizá no encuentre sentido a sus escritos, ni sepa cuál es la razón que le ha impulsado a darles un comienzo. Si dicha improvisación es la motivación de un escritor, tal vez debiera ser cuentacuentos. Acaso juglar o trovador.

Una de las cualidades más fabulosas de la vida es su imposibilidad de ser leída. Si esto ocurriera, si las páginas de la vida pudieran ser leídas y ojeadas, dejaríamos de vivir. Recuerdos, ilusiones, esperanzas, miedos; nada tendría sentido alguno, ya que todo sería predecible. Pretendo, por tanto, establecer la gran diferencia que reside entre leer y estructurar. La vida no se halla escrita, sino estructurada. Cada persona escribe su vida. Algunos en servilletas de moteles o en cartones mojados, otros en folios impecables o en sábanas de seda. Sea como sea, todos escriben en el desorden del caos, bajo el orden del cosmos.

Un cuento que un escritor ha estructurado para sí puede generar incluso más sorpresas y sensaciones en su transcurso que un cuento improvisado por un trovador. Todo depende del propio creador. Estructurar no conlleva conocer qué ocurrirá. Un buen escritor de cuentos debe conocer los cimientos de su creación, aunque decida después combinar las variables de la trama o introducir lo inesperado.

La gran estructura, el orden de un esquema ya cimentado, no es sino un destino inmutable que no deja escrita la vida para que nosotros la leamos, si bien la complementa. El buen escritor de cuentos estructura sus escritos sobre un cosmos ya existente que no puede alterar. Todo humano, no lee, escribe cada día su historia. Pero sin improvisaciones, bajo una organización invisible.

Todo yace, a fin de cuentas, en el hoy. Ayer y mañana son hoy. Y mañana será hoy y hoy ayer. A pesar de lo inevitable, vivir ahora más que nunca es lo único que nos queda.

Admin · 163 vistas · 6 comentarios
01 Nov 2008

Destino

No digas nada. Sólo para ti.

Todos desean un cambio en el destino, pero nadie se arriesga a ir en su búsqueda. Todos esperan. Todos se preguntan qué pasará mañana, pero mañana es hoy, y hoy sólo pasa el tiempo.

Todos dicen que hay que vivir cada instante como si fuera el último, pero todos se creen inmortales y piensan que todavía queda vida para disfrutar esos momentos. Cuando todos deciden recapacitar acerca del tiempo perdido, ya es demasiado tarde para recuperarlo. Y todo se desvanece. Y todos los que creyeron ir en busca de aventura, en busca de sus sueños y sus deseos, se quedan sentados mirando a través de un cristal los años pasar. Amando a una esperanza, a una ilusión que nunca dio frutos.

Y aún así, todos continúan confiando en que algo cambiará. Pero nada cambia. Y nada cambiará si cuando aparece una oportunidad, todos arremeten una patada contra ella, como si se tratara de una piedra que se ha cruzado casualmente en el camino. Todos se empeñan en escoger el sendero fácil y nunca llegan a apreciar cada detalle. Todos aprenden a esperar lo que nunca vendrá y dejan de luchar por su aventura, dejan de luchar por sus sueños y sus deseos.

Demuestra al mundo que me equivoco y que tú eres la excepción en este mundo de todos.  
Admin · 129 vistas · 1 comentario
27 Agos 2008

Sin querer pensar...

Sin querer pensar, pienso en ti. Sin querer soñar, sueño contigo. Sin querer amar, te amo. Es entonces cuando, sin querer verte, apareces. Sólo cuando por fin quiero pensar, deseo soñar y necesito amar, dejo de pensar en ti, dejo de soñar contigo y dejo de amarte. Entonces, cuando más anhelo verte, tú desapareces.


Admin · 132 vistas · 3 comentarios
26 Agos 2008